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Qué ver y hacer en Beppu

Guía de Beppu, la ciudad de los infiernos y los onsen

05 de Junio de 2020

Actualizado el 22/10/2026

En resumen: Beppu, en Oita, es la ciudad de los onsen: tiene el mayor número de manantiales termales de Japón y su visita estrella es la ruta de los siete infiernos, pozas de colores que se miran y no se bañan. Está a unas dos horas de Hakata en el Limited Express Sonic. El pase de los siete infiernos cuesta 2.400 yenes y se puede combinar con Yufuin.

Beppu es la capital japonesa de los onsen: una ciudad costera de unos 120.000 habitantes en la prefectura de Oita, en Kyushu, donde el vapor sale de las alcantarillas, de los tejados y hasta de las aceras. Tiene el mayor número de manantiales termales de Japón y una de las mayores producciones de agua caliente del mundo, repartida en las ocho zonas termales conocidas como Beppu Hatto: Beppu, Kannawa, Myoban, Kankaiji, Hamawaki, Kamegawa, Horita y Shibaseki. Y aquí no viene uno solo a bañarse (aunque hasta hay baños de arena y de barro, especialidades de la ciudad): viene sobre todo a ver los famosos siete infiernos, unas pozas termales de colores imposibles que llevan siglos impresionando a los viajeros.

Nosotros estuvimos por primera vez en 2018 y volvimos en octubre de 2024, llegando desde Yufuin a media tarde: paseamos por el paseo marítimo, cenamos toriten en un izakaya y dormimos en un ryokan con onsen privado. A la mañana siguiente hicimos la ruta de los siete infiernos. Esta guía junta ambas visitas y te cuenta todo lo que necesitas para preparar la tuya.

De aquella primera visita de 2018, dentro de una ruta circular por Kyushu, nos quedaron dos crónicas en el diario de viaje: la llegada desde Miyazaki y Aoshima (día 11) y el día completo en Beppu (día 12).

Beppu de un vistazo

Fuentes: Beppu Jigoku Meguri (web oficial). Precios y horarios pueden haber cambiado.

Cómo llegar a Beppu

La forma habitual de llegar es en tren. Desde Fukuoka (Hakata), el Limited Express Sonic tarda unas dos horas hasta la estación de Beppu; desde Kokura (Kitakyushu), el mismo tren te deja en poco más de una hora. Desde Tokio u Osaka la paliza es considerable (más de siete o de cuatro horas y media respectivamente con combinaciones de shinkansen), así que si vienes de tan lejos lo razonable es volar al aeropuerto de Oita y seguir en bus, o hacer noche por el camino. Si vienes de Yufuin, como hicimos nosotros en el mismo viaje, tienes el Limited Express Yufu (alrededor de una hora) y el autobús de línea, que tarda unos 50 minutos. Beppu y Yufuin combinan muy bien en una misma escapada; te contamos el pueblo en nuestra guía de Yufuin y la ciudad grande en la guía de Fukuoka.

Consejo: los billetes del Sonic y del Limited Express Yufu están incluidos en el JR Pass y en los pases regionales de JR Kyushu; solo hay que reservar el asiento (gratis con el pase). Te contamos cómo funcionan en nuestra guía del Japan Rail Pass.

La estación de Beppu es el centro de todo: los infiernos de Kannawa están a unos minutos en bus desde allí y las calles comerciales empiezan al salir (GoogleMaps).

Cartel de bienvenida de la estación de Beppu.

El cartel de bienvenida de la estación de Beppu, con el vapor de los onsen ya presente nada más bajar del tren.

Al salir de la estación te recibe una estatua curiosa: un hombre con los brazos en alto. Es Kumahachi Aburaya, el empresario que hace un siglo convirtió a Beppu en el destino turístico que es hoy; la ciudad se lo agradece con este homenaje junto a su estación.

Estatua de Kumahachi Aburaya junto a la estación de Beppu.

La estatua de Kumahachi Aburaya, el hombre que puso a Beppu en el mapa turístico de Japón, junto a la estación.

Y si te apetece escucharnos hablar de Beppu, le dedicamos un programa entero en nuestro podcast de Japonizados.

Los 7 infiernos de Beppu

La visita estrella de Beppu es el jigoku meguri, la ruta de los siete "infiernos": pozas termales de observación (en estas no te bañas, solo se miran) donde el agua y el barro brotan del suelo a temperaturas cercanas a los 100 grados. Originalmente se podían visitar ocho, pero la ruta actual recorre siete. La zona está sobre una de las áreas volcánicas más activas de Japón, y el espectáculo de vapor, colores y olor a azufre es de lo más peculiar que hemos visto en el país. De los siete infiernos, cuatro (Umi, Chinoike, Tatsumaki y Shiraike) están designados como Lugares de Belleza Escénica nacional.

Cinco infiernos se agrupan en el barrio de Kannawa y se recorren a pie (Umi, Oniishibozu, Kamado, Oniyama y Shiraike). Los otros dos (Chinoike y Tatsumaki) están en Shibaseki, a unos tres kilómetros, y se llega en bus o en taxi. Hay un pase conjunto de 2.400 yenes que cubre los siete y sirve durante dos días; se compra en la taquilla de cualquiera de ellos. Los infiernos abren de 8:00 a 17:00. Los precios y horarios que damos son los oficiales en el momento de escribir el artículo; pueden haber cambiado, así que confírmalos en la web oficial del Beppu Jigoku Meguri. Los 2.400 yenes del pase vienen a ser unos 13,50 euros o 15 dólares (cambio de octubre de 2026); también puedes pagar cada infierno por separado.

Para llegar a los cinco de Kannawa, toma la salida oeste de la estación de Beppu y sube a las líneas de bus 2, 5, 9, 24 o 41 hasta la parada Umi-jigoku-mae; la línea 5 es de las más rápidas (poco más de 15 minutos). Esos cinco se recorren a pie. Para los dos de Shibaseki, toma la línea 16 desde Kannawa hasta la parada Chinoike-jigoku-mae; la misma línea te devuelve después a la estación.

Te los contamos uno a uno, en el orden en el que los recorrimos nosotros, con lo que ofrece cada uno, porque no son solo pozas de colores: algunos tienen jardines, baños de pies gratis, demostraciones con vapor y hasta animales.

Umi Jigoku, el infierno azul

El más famoso y para muchos el más bonito: una poza de un azul cobalto intenso a 98 grados que parece sacada de otro planeta. El color viene del sulfato de hierro disuelto en el agua y la poza tiene unos 200 metros de profundidad. Si te fijas, puede que veas una cesta con huevos cociéndose al calor de sus aguas, y te recomendamos subir a la segunda planta del edificio de al lado para verlo sin tanta gente delante. Es uno de los cuatro infiernos declarados Lugar de Belleza Escénica nacional. Además de la poza, el recinto tiene un invernadero calentado con el calor termal donde crecen nenúfares gigantes, un baño de pies (ashiyu) techado gratis para los visitantes y una tienda grande con productos locales. No te vayas sin probar el flan cocido al vapor del infierno (hell steamed pudding), unos 350 yenes la unidad (unos 2 euros o 2,20 dólares): de los mejores flanes que hemos probado.

El flan cocido al vapor del Umi Jigoku.

El flan al vapor del Umi Jigoku: pequeño, pero de los mejores que hemos probado en Japón.

La poza azul cobalto del Umi Jigoku.

El Umi Jigoku, el "infierno del mar": azul cobalto y vapor constante a 98 grados.

Nenúfares en el invernadero del Umi Jigoku.

El invernadero del Umi Jigoku aprovecha el calor termal para cultivar nenúfares tropicales.

Hojas gigantes de nenúfar en el Umi Jigoku.

Los nenúfares gigantes, capaces de aguantar el peso de un niño pequeño en verano.

Oniishibozu Jigoku, el de las cabezas de monje

Aquí el protagonista es el barro gris: burbujas de lodo hirviendo que suben, crecen y explotan formando formas redondas que recuerdan a las cabezas rapadas de los monjes budistas ("bozu"). Es un infierno tranquilo y muy hipnótico, de esos en los que te quedas mirando el barro burbujear un buen rato. Curiosidad: el recinto cerró en la segunda mitad de los años 50 y no reabrió hasta 2002, a petición de los vecinos de Beppu. También tiene baño de pies.

Burbujas de barro gris del Oniishibozu Jigoku.

Las burbujas de barro gris del Oniishibozu Jigoku, las "cabezas de monje" que le dan nombre.

Kamado Jigoku, el infierno de la cocina

El más entretenido si vas con tiempo: el recinto se divide en seis distritos con pozas de colores distintos, desde el barro rojizo del primer distrito hasta pozas verdosas, y está lleno de pequeñas experiencias. Hay demostraciones con el vapor a 100 grados, un rincón para beber agua termal, comida cocinada al vapor del propio infierno (jigoku mushi), estatuas de demonios por todas partes y un montón de fotos curiosas. El nombre viene de la época en la que el vapor se usaba para cocer el arroz de las ofrendas del santuario Kamado Hachimangu.

Barro rojizo hirviendo del primer distrito del Kamado Jigoku.

El barro rojizo hirviendo del primer distrito del Kamado Jigoku.

Poza verdosa en uno de los distritos del Kamado Jigoku.

Cada distrito del Kamado Jigoku tiene una poza de un color distinto.

Edu descansando los pies en un ashiyu de la ruta de los infiernos.

Parada técnica en uno de los ashiyu gratuitos de la ruta: después de varias pozas, se agradece.

Oniyama Jigoku, el de los cocodrilos

Este es el más raro de todos. El calor del infierno se aprovecha para mantener cocodrilos, y no pocos: decenas de ellos, con un macho enorme llamado Ichirō como gran reclamo (mide unos cuatro metros y pesa alrededor de 500 kilos). Tenemos que ser sinceros: no nos convenció mucho. No entendimos muy bien qué pintan tantos cocodrilos en un infierno, aunque como añadido a la visita, ahí queda.

Cocodrilos del Oniyama Jigoku.

Los cocodrilos del Oniyama Jigoku, el añadido más inesperado de la ruta.

Shiraike Jigoku, el del estanque blanco

Uno de los que más nos gustó. El Shiraike es un estanque de agua blanquecina y azulada dentro de un jardín japonés muy cuidado y tranquilo, de los que invitan a ir despacio. El agua brota transparente y se vuelve de ese tono pálido al caer a la poza. Como extra, tiene un pequeño acuario de peces tropicales calentado con el calor termal, y edificios tradicionales con piezas de arte local. Todo el conjunto está también declarado Lugar de Belleza Escénica nacional.

El estanque blanquecino del Shiraike Jigoku.

El estanque blanquecino del Shiraike Jigoku, dentro de un jardín japonés precioso.

El recinto del Shiraike Jigoku.

El Shiraike Jigoku, uno de los infiernos que más nos gustaron de los siete.

Chinoike Jigoku, el infierno rojo

El más fotogénico junto al Umi y otro de nuestros favoritos: una poza de un rojo intenso por las reacciones químicas a altas temperaturas del óxido de hierro y de magnesio del lodo que emana de su fondo, con el vapor teñido del mismo color. Es el infierno natural más antiguo de Japón y también está declarado Lugar de Belleza Escénica nacional. Tiene baño de pies gratis y una tienda con recuerdos de Oita donde venden un ungüento hecho con el barro rojo que dicen que va muy bien para la piel.

La poza roja del Chinoike Jigoku.

El Chinoike Jigoku, el "infierno del estanque de sangre": rojo intenso por el óxido de hierro.

Tatsumaki Jigoku, el géiser

El último de la ruta es un géiser que entra en erupción cada 30-40 minutos con chorros de agua y vapor que podrían alcanzar unos 30 metros de altura, cortados por un tejado de piedra que los contiene. Es Monumento Natural de la ciudad de Beppu. Una lámpara roja sobre la entrada avisa cuando la erupción está a punto de empezar, así que no hace falta esperar a ciegas. A nosotros se nos hizo el más flojo de los siete, pero si pillas la erupción de lleno, impresiona.

Erupción del géiser del Tatsumaki Jigoku.

El géiser del Tatsumaki Jigoku en plena erupción (foto de nuestra primera visita, en 2018).

Más cosas que ver y hacer en Beppu

Aparte de los infiernos y los onsen, Beppu tiene algunos planes más que guardamos de nuestra primera visita:

Cocinar al vapor del infierno (jigokumushi). La "cocina de vapor del infierno" es el estilo de cocina típico de Beppu: se dice que el vapor, cargado de minerales, realza el sabor de los alimentos. En el Jigokumushi Kobo Kannawa, un centro creado por el ayuntamiento y llevado por voluntarios junto a los cinco primeros infiernos, puedes cocinar tú mismo: eliges los ingredientes crudos, te dan una bandeja con temporizador y los cocinas en las ollas de madera (jigokugama) calentadas con el calor de la tierra. Viene perfecto para reponer fuerzas después de la ruta.

Baños de arena y de barro. Además de los onsen de agua, en Beppu puedes enterrarte en arena caliente a la orilla del mar o bañarte en barro termal, dos especialidades de la ciudad que no se ven en muchos otros sitios de Japón.

Monte Tsurumi. Un volcán de 1.375 metros con las mejores vistas de Beppu y de la vecina Oita. Se sube en teleférico y después hay que caminar unos 15 minutos hasta la cima. En primavera hay cerezos y en otoño, momiji.

Takasakiyama Monkey Park y el acuario Umitamago. A las afueras, hacia Oita, hay un parque donde viven en libertad unos 1.500 macacos japoneses, divididos en dos grupos que se turnan para bajar a la zona de visita. Justo enfrente está el acuario Umitamago. Como siempre decimos, no somos amigos de acuarios ni zoos: nosotros acabamos allí en 2018 porque la oficina de turismo nos llevó de sorpresa y nos pareció de mala educación negarnos, así que tú decides. Los precios y horarios de estas atracciones cambian a menudo; confírmalos en sus webs oficiales antes de ir.

La tarde en Beppu: paseo marítimo, tiendas y Beppu Tower

Después de dejar el hotel nos fuimos a pasear por el paseo marítimo hacia el norte, una caminata tranquila a orillas del mar. Desde allí tomamos un bus hasta el Off House y Book Off de las afueras (GoogleMaps), un complejo grande de segunda mano que, siendo honestos, no nos pareció nada destacable. No es algo turístico; fuimos por curiosidad y, salvo que seas muy fan del rastro japonés, no hace falta que lo apuntes.

Interior del Book Off de Beppu.

El Book Off de Beppu: grande, pero sin nada que no encuentres en otras tiendas de la cadena.

De vuelta al centro vimos la Beppu Tower (GoogleMaps), la torre mirador junto al mar, ya de noche, y paseamos por las shotengai, las galerías comerciales cubiertas junto a la estación. Sobre las 21:00 estaban prácticamente desiertas, con casi todo cerrado, aunque conservan ese aire retro de la época Showa que tanto nos gusta.

La Beppu Tower iluminada de noche.

La Beppu Tower de noche, junto al paseo marítimo.

Galería comercial shotengai de Beppu casi vacía por la noche.

Las shotengai de Beppu a las nueve de la noche: desiertas y con mucho encanto retro.

Restaurante con fachada retro de la época Showa en la galería Solpaseo de Beppu.

Uno de los restaurantes con fachada de la época Showa en la galería Solpaseo, junto a la estación.

Dónde comer en Beppu: toriten y el izakaya Tosaka

Si hay un plato que tienes que probar en Beppu es el toriten, la gran especialidad de la prefectura de Oita: una especie de primo del karaage, pollo marinado y frito con una cobertura tipo tempura, jugoso por dentro y crujiente por fuera. Se recomienda rociarlo con kabosu, un cítrico de Oita, y mojarlo en salsa de soja o en salsa ponzu. Está en todas partes, pero comerlo en su tierra es otra cosa. A nosotros nos encantó: lo probamos ya en 2018 en el Hyotan Onsen, un restaurante-onsen clásico de la zona de los infiernos, y en 2024 volvimos a por más en un izakaya del centro.

Otras cosas típicas que puedes probar por la zona: la ternera Oita Bungo, que solo lleva esa denominación si se cría en la región bajo condiciones estrictas, y el reimen, una variedad de fideos fríos en caldo. Y de postre, ya sabes: el flan al vapor del Umi Jigoku.

Nosotros cenamos en el izakaya Tosaka (GoogleMaps) y fue una experiencia bonita y muy rica. Pedimos cosas bastante variadas: las gambas fritas, que se comen enteras sin pelar, estaban buenísimas; los encurtidos, el yakitori y, sobre todo, el toriten. Es de esos sitios de barrio donde se cena bien y sin postureo.

El izakaya Tosaka de Beppu por la noche.

El izakaya Tosaka, donde cenamos en Beppu.

Toriten y otras tapas del izakaya Tosaka.

Nuestra cena en el Tosaka: toriten, gambas fritas que se comen sin pelar, encurtidos y yakitori.

Dónde dormir en Beppu

Nosotros dormimos en el Nogami Honkan (GoogleMaps), un ryokan sencillo del centro que recomendamos por dos cosas: el desayuno, bueno y nada caro, y sus onsen privados. Se pueden reservar por una hora por unos 500 yenes y el agua llega hirviendo directamente de las mismas calderas de los infiernos; a Edu le costó un buen rato meterse de lo caliente que estaba. Si te alojas aquí, reserva tu hora de onsen privado en cuanto llegues, porque se agotan. Los precios que damos son los de nuestra estancia en octubre de 2024 y pueden haber cambiado.

Puedes reservarlo con este enlace de afiliado de Booking para el Nogami Honkan: a ti te cuesta lo mismo y nos ayudas a mantener la web.

Fachada del ryokan Nogami Honkan de Beppu.

El Nogami Honkan, nuestro ryokan en Beppu.

Uno de los onsen privados reservables del Nogami Honkan.

Uno de los onsen privados del hotel: una hora para ti solo por unos 500 yenes.

El desayuno japonés del Nogami Honkan.

El desayuno del Nogami Honkan: completo, rico y nada caro.

En nuestra primera visita de 2018 dormimos en el Nishitetsu Resort Inn Beppu (GoogleMaps), un hotel sencillo al lado de la estación y muy cerquita de la Beppu Tower. Las habitaciones eran pequeñas, como es normal en Japón, pero limpias y cuidadas; lo mejor era su onsen, con baño interior y rotenburo (baño al aire libre). También nos dejó muy buen recuerdo y sigue siendo un buen candidato si te interesa dormir pegado a la estación. Sea cual sea tu elección, en Beppu es casi imperdonable no dormir en un sitio con onsen propio: el baño a última hora, después de todo el día de turismo, es mano de santo.

Habitación del hotel Nishitetsu Resort Inn Beppu.

Nuestra habitación en el Nishitetsu Resort Inn Beppu en la visita de 2018.

Onsen interior del hotel Nishitetsu Resort Inn Beppu.

El onsen del Nishitetsu, con baño interior y rotenburo al aire libre.

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Mapa de Beppu

Aquí tienes todos los lugares que te contamos en el artículo, para que te sea fácil organizar la visita: los siete infiernos, la estación, la Beppu Tower, el izakaya y el ryokan.

Consejos

  • Compra el pase de los siete infiernos (2.400 yenes) en la taquilla del primero que visites: sale a cuenta y sirve durante dos días.
  • Lleva una toalla pequeña para los ashiyu (los baños de pies gratuitos de varios infiernos); si se te olvida, en el Umi Jigoku venden por unos 250 yenes.
  • Los infiernos abren de 8:00 a 17:00; ve pronto para esquivar los grupos organizados, sobre todo en el Umi Jigoku.
  • Los cinco infiernos de Kannawa se recorren a pie; para los dos de Shibaseki (Chinoike y Tatsumaki) necesitas bus o taxi.
  • En el Tatsumaki, fíjate en la lámpara roja de la entrada: si está encendida, la erupción del géiser está al caer.
  • Prueba la comida cocinada al vapor del infierno (jigoku mushi) en el Kamado Jigoku y el flan al vapor del Umi Jigoku.
  • Si duermes en un ryokan con onsen privado, reserva tu hora nada más llegar.
  • Combina Beppu con Yufuin en la misma escapada: hay tren y bus directos entre los dos y se complementan perfectamente.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cuánto cuesta ver los siete infiernos de Beppu?

El pase conjunto cuesta 2.400 yenes por persona, cubre los siete infiernos y sirve durante dos días. Se compra en la taquilla de cualquiera de ellos. Los precios son los oficiales en el momento de escribir el artículo y pueden haber cambiado.

¿Te puedes bañar en los infiernos?

No: son pozas de observación con agua y barro a unos 100 grados. Para mojarte, varios infiernos tienen ashiyu (baños de pies) gratuitos, y la ciudad está llena de onsen públicos y ryokan con baños propios, como el Nogami Honkan, donde te contamos nuestra estancia.

¿Cuánto tiempo hace falta para ver Beppu?

Nosotros le dedicamos una tarde y una mañana: la tarde para el paseo marítimo, la torre y las galerías comerciales, y la mañana para los siete infiernos. Con un día completo lo ves todo sin prisas.

¿Cómo se va de unos infiernos a otros?

Los cinco de Kannawa (Umi, Oniishibozu, Kamado, Oniyama y Shiraike) están uno al lado del otro y se recorren a pie. Los dos de Shibaseki (Chinoike y Tatsumaki) están a unos tres kilómetros y se llega en bus o en taxi.

¿Merece la pena Beppu como excursión de un día?

Sí: desde Fukuoka tienes el Limited Express Sonic (unas dos horas) y desde Yufuin el tren o el bus (alrededor de una hora o 50 minutos). Eso sí, dormir allí nos gustó mucho: cenar toriten y meterte en un onsen privado después de la ruta es la mejor forma de cerrar el día.

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